30/9/2026 – La Argentina enfrenta una encrucijada determinante en el escenario tecnológico global: convertirse en una colonia digital o consolidarse como un actor capaz de incidir en las normas que rigen la innovación. Buena parte de esa definición no depende únicamente del desarrollo de software, sino de la infraestructura energética y de un recurso clave que el país posee en su territorio: Vaca Muerta. Así lo expusieron Mark Esposito, profesor de Política Tecnológica en la Universidad Northeastern e investigador del Berkman Klein Center de Harvard, y Julen Baztarrica, socio de McKinsey y líder de su práctica de Energía, durante el Coloquio IDEA.
Ambos especialistas coincidieron en que el futuro del país se vincula de manera directa con la capacidad de articular energía, infraestructura y geopolítica. En la actualidad, según planteó Esposito, la Argentina actúa como un tomador de reglas en la conversación internacional sobre inteligencia artificial. Sin embargo, este panorama puede transformarse si el país aprovecha la demanda física que exige la revolución tecnológica. La secuencia de desarrollo sostenible requiere ubicar a la energía en el primer peldaño, seguida por los datos y, finalmente, por la inteligencia artificial. Sin una infraestructura energética consolidada, los centros de cómputo y los planes de digitalización corren el riesgo de quedar en meros compromisos sin sustento.

En este marco, Esposito advirtió sobre el peligro de caer en el concepto de colonia digital cuando una nación no logra ejercer agencia sobre la gobernanza de datos, la integración energética y la posición geopolítica. A pesar de los desafíos y del retraso en indicadores de gobierno digital en comparación con la OCDE, el académico remarcó que el país cuenta con una oportunidad concreta impulsada por su talento técnico, la disponibilidad de minerales estratégicos y un sistema político democrático.
Por su parte, Baztarrica aportó una mirada cuantitativa sobre el rol central de la energía en la economía global futura. Con una proyección en la que el consumo eléctrico mundial crecerá de 27 mil a más de 60 mil teravatios/hora para el año 2050 debido a la electrificación y la expansión de centros de datos, los combustibles fósiles de menor emisión, como el gas natural, mantendrán un protagonismo decisivo. En este contexto de alta demanda internacional y reconfiguración de mercados, la formación no convencional de Vaca Muerta emerge como una de las reservas más relevantes del planeta, al albergar la segunda reserva mundial de gas no convencional y la cuarta de petróleo no convencional.

El potencial económico asociado a Vaca Muerta resulta de gran escala. Las estimaciones presentadas sugieren que la cuenca puede atraer inversiones acumuladas de hasta 100 mil millones de dólares hacia 2030, generar exportaciones superiores a los 30 mil millones de dólares anuales, crear 200 mil puestos de trabajo y aportar hasta cinco puntos porcentuales al producto bruto interno. De este modo, la convergencia entre la capacidad energética de Vaca Muerta y la infraestructura requerida por el desarrollo tecnológico posiciona al recurso subterráneo como un pilar estratégico indispensable para sostener el avance de la inteligencia artificial y el posicionamiento de la Argentina en el mapa global.