17/5/2025 – Un reciente informe del Instituto Argentino del Petróleo y el Gas (IAPG) lanza una dura advertencia: la infraestructura vial de la Cuenca Neuquina es «insuficiente» y peligrosa para el creciente tránsito generado por el boom de Vaca Muerta. El estudio revela picos críticos de congestión, alta siniestralidad y una alarmante falta de inversión, exponiendo la fragilidad de las rutas que sostienen la millonaria industria.

El análisis, basado en datos de 15 puntos de Neuquén y Río Negro, evidencia el colapso vial en los horarios de cambio de turno (07:00-09:00 y 18:00-20:00), disparando los accidentes, especialmente colisiones y vuelcos. Si bien se registraron mejoras puntuales en áreas urbanas, la tónica general es de rutas con calzada única, tramos de ripio sin señalización y una ausencia de inversión estructural que impide siquiera medir la velocidad promedio en algunos sectores.

«La infraestructura vial es insuficiente y no responde a la demanda del desarrollo industrial actual», sentencia el informe del IAPG; mientras se promocionan las oportunidades de inversión, la realidad cotidiana son camiones esquivando baches y colectivos de petroleros circulando por rutas peligrosas.

El estudio detalla que en corredores clave como la Ruta 7 (Tratayén-Vista Alegre) y la Ruta 22 (Cipolletti-Plottier), la flota liviana supera el 60% del tráfico, pero la infraestructura permanece obsoleta. Además, muchas rutas provinciales presentan una «estructura de construcción heterogénea«, lo que implica el incumplimiento de los estándares básicos de seguridad.
Aunque los vehículos pesados no son los principales involucrados en accidentes, su presencia significativa (hasta el 25% del tránsito en zonas clave) en rutas saturadas incrementa el riesgo. El intenso movimiento de camiones con equipos, insumos y el traslado de personal exacerban la problemática.

El informe del IAPG no señala nombres, pero los datos son elocuentes: la expansión de Vaca Muerta se sostiene sobre una red vial precaria, sin un plan de modernización a la altura de las circunstancias. Mientras tanto, trabajadores y transportistas son quienes pagan las consecuencias, ajustando sus tiempos y extremando la precaución en rutas cada vez más peligrosas. La pregunta resuena: ¿hasta cuándo la política seguirá en «modo piloto automático» frente a esta bomba de tiempo vial?
Si bien el estudio destaca avances puntuales en algunas zonas urbanas -como Neuquén capital, que redujo un 20% los siniestros en un año gracias a medidas locales-, la mayoría de los tramos evaluados exhiben falta de inversión estructural, rutas con calzadas únicas y tramos de ripio sin señalización, donde incluso fue imposible medir la velocidad promedio.
