13/7/2026 – La logística de abastecimiento para Vaca Muerta atraviesa una profunda reconfiguración a partir de la incorporación de la Ruta Nacional 5 al sistema de concesiones viales y el protagonismo creciente de los bitrenes, en un contexto donde la demanda de arena de fractura no detiene su expansión.
Desde el 1 de julio, la administración de la Ruta Nacional 5 quedó en manos del sector privado tras la adjudicación del Tramo Pampa a la empresa Construcciones Electromecánicas del Oeste por un plazo de 20 años. Este corredor de 546,65 kilómetros, que conecta Luján con Santa Rosa, representa una de las principales vías para el traslado del insumo clave hacia la Cuenca Neuquina. La nueva etapa contempla la instalación de cabinas de peaje en Gorostiaga y Lonquimay, como parte del plan gubernamental para delegar la operación y el mantenimiento de la red vial nacional.
En sintonía con estas medidas, el Ministerio de Economía proyecta una cuarta fase de concesiones que sumará aproximadamente 12 mil kilómetros adicionales. Entre las prioridades de esta ampliación destaca el eje que vincula Neuquén con Bahía Blanca, un trayecto considerado estratégico para consolidar el desarrollo de Vaca Muerta y potenciar las futuras exportaciones de hidrocarburos.

La urgencia por optimizar la infraestructura responde al crecimiento exponencial de la actividad no convencional. Actualmente, Vaca Muerta demanda cerca de 6,5 millones de toneladas de arena anuales, cifra que podría escalar a un rango de entre 9 y 12 millones de toneladas hacia el año 2030. Cada proceso de estimulación hidráulica requiere entre 1.500 y 2.500 toneladas de este material, dinamismo que quedó demostrado en marzo con un registro de 2.616 etapas de fractura, lo que representó una suba interanual del 33,5%.
Frente a esta presión logística, las alternativas de transporte masivo se mantienen como proyectos de largo plazo. La conexión ferroviaria proyectada entre San Antonio Oeste, Añelo y Rincón de los Sauces exigiría un desembolso estimado en 3.000 millones de dólares y al menos de cinco años de obras. Por su parte, la opción fluvial, que requeriría reformas en las normas de cabotaje, enfrenta limitaciones de infraestructura para la carga, descarga, almacenamiento y posterior distribución desde los puertos hacia los bloques productivos.
De esta manera, el camión consolida su posición como la principal vía de abastecimiento para Vaca Muerta. En este segmento, los bitrenes cobran cada vez mayor relevancia gracias a su capacidad para transportar más volumen por viaje, reduciendo los costos de operación y la congestión vial. A esto se suma la progresiva incorporación de unidades propulsadas por GNC y GNL, orientadas a mejorar la eficiencia y disminuir la huella ambiental.

En este esquema logístico, YPF cumple un rol preponderante a través de su división de Negocio Arenas. La operadora estatal coordina una flota superior a los 900 camiones con capacidad para movilizar hasta 11 mil toneladas diarias desde su planta de tratamiento en Añelo, instalaciones donde se clasifican y secan más de dos millones de toneladas de arena anuales.
La articulación de nuevas concesiones viales, la modernización de la flota terrestre y la planificación de obras de mayor escala ponen de manifiesto la necesidad de dotar de mayor previsibilidad a la cadena de suministro de Vaca Muerta, cuyo horizonte de producción está estrechamente ligado a la eficiencia en el traslado de sus insumos críticos.