14/9/2026 – El equipo económico liderado por Luis Caputo y las autoridades del Banco Central trazaron el mapa del ingreso de divisas para los próximos años y fijaron una fecha clave en el calendario político y financiero como lo será 2027, el año en el cual el gobierno del presidente Javier Milei buscará la reelección. Según las últimas estimaciones oficiales consignadas en los informes de la entidad monetaria, la suma de las exportaciones netas de energía y minería alcanzará para el año próximo la marca de los 24 mil millones de dólares, consolidando un cambio notorio en el ingreso de divisas que asegurará estabilidad cambiaria. La clave del modelo promovido por Caputo para que estos números se vuelvan realidad descansa sobre la atracción de capitales a través del Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones, cuya ventana de adhesión vence en julio del año próximo.

Partiendo de una base de exportaciones netas combinadas de unos 13 mil millones de dólares registradas en 2025, el informe estima que la generación de divisas dará un primer salto hasta rozar los 19 mil millones de dólares en 2026, para luego afirmarse en los 24 mil millones previstos para 2027. Hacia el final de la década, las proyecciones resultan aún más ambiciosas. El Banco Central prevé que los despachos netos al exterior escalarán a 28 mil millones de dólares en 2028, a 34 mil millones en 2029 y superarán la barrera de los 51 mil millones para 2030. De este modo, ambos sectores no solo complementarán la histórica tracción del complejo agroexportador, sino que prometen disputarle el liderazgo en la balanza comercial de la Argentina.
En el centro del esquema energético aparece la cuenca neuquina y, en particular, el poderío de la formación no convencional de Vaca Muerta. El petróleo shale es el motor para el ingreso de divisas a través de las ventas al exterior de crudo Medanito. Sin embargo, en los despachos del Palacio de Hacienda y del Banco Central tienen claro que el ritmo de esa aceleración no dependerá únicamente de la capacidad de perforación y completación de pozos por parte de las operadoras petroleras, sino de la velocidad con la que se habiliten las nuevas obras de infraestructura.

En esa hoja de ruta, la infraestructura de evacuación juega un rol determinante. La plena operatividad y la posterior expansión del proyecto Vaca Muerta Oil Sur, junto con la ampliación del sistema de Oldelval y el ducto Otasa para los envíos hacia Chile, constituyen la condición para transformar los récords de extracción en la cuenca en dólares. A mediano plazo, el gas natural complementará la ecuación hidrocarburífera, y la estrategia oficial contempla que a partir de 2028 la Argentina comience a jugar en el mapa global del Gas Natural Licuado mediante barcos licuefactores instalados en el Atlántico, permitiendo monetizar las masivas reservas de gas del no convencional neuquino y diversificar los clientes más allá de los países limítrofes acoplados por red de gasoductos.
Por el lado de la minería, el Banco Central augura un desempeño igualmente determinante impulsado por la cartera de proyectos de litio en el NOA y la reactivación de los megaproyectos de cobre en la cordillera de los Andes, aspirando a aportar por sí solo más de 17 mil millones de dólares anuales hacia 2030. En la actualidad, la volatilidad sostenida de los precios internacionales de los metales permitiría llevar las cuentas en dólares hasta los 10 mil millones, un salto de casi el 40% respecto a los 6 mil millones con que cerró 2025, el año récord de la actividad.
Las proyecciones oficiales contemplan que la entrada en fase comercial de nuevos yacimientos y la consolidación y ampliación de las plantas operativas de litio aportarán un flujo constante y creciente de divisas que reforzará los números a partir del bienio 2026-2027. La clave del modelo para que estos números se vuelvan realidad descansa sobre la atracción de capitales a través del RIGI, cuya ventana de adhesión vence en julio del año próximo, en plena campaña electoral, con lo cual la tentación de extenderlo es grande. Por eso, el Gobierno busca acelerar las decisiones finales de inversión no solo en los proyectos de explotación de recursos, sino en la obra pública privada asociada: rutas, tendidos de alta tensión, plantas de tratamiento y puertos dedicados, conscientes tanto en el equipo económico como en el directorio del Banco Central de que la energía y la minería son, junto con el campo, la garantía financiera para sostener la estabilidad macroeconómica en los años venideros.