3/1/2026 – El presidente de Estados Unidos Donald Trump anunció un ambicioso plan para intervenir en la industria energética de Venezuela mediante la reconstrucción de su infraestructura dañada el mandatario estadounidense aseguró que las principales compañías petroleras de su país desembarcarán en territorio venezolano con inversiones de miles de millones de dólares para reparar las instalaciones y reactivar la generación de riqueza en una nación que posee el 17 por ciento de las reservas mundiales de crudo.
Venezuela cuenta con más de 303 mil millones de barriles de petróleo probados situados mayoritariamente en la faja petrolífera del Orinoco el problema principal radica en que gran parte de ese recurso consiste en crudo extrapesado que demanda tecnología de avanzada y diluyentes específicos para su extracción y procesamiento elementos que se volvieron escasos debido a la falta de inversión y al deterioro estructural de las últimas décadas.

Aunque la estatal PDVSA ha mantenido el control del sector desde su creación en 1975 la capacidad productiva del país sufrió un derrumbe drástico desde el año 2010 lo que pasó de ser una potencia que superaba los 3 millones de barriles diarios a registrar niveles mínimos históricos durante 2024 la producción promedio apenas alcanzó los 921 mil barriles por día mostrando una ligera mejora respecto al año anterior pero manteniéndose muy lejos de su potencial real.
Durante 2025 los datos de la OPEP indicaron que Venezuela logró sostenerse ligeramente por encima del millón de barriles diarios alcanzando picos de 1,1 millones en algunos meses esta cifra sin embargo no fue suficiente para que el país regresara al grupo de los diez principales productores globales un espacio que hoy dominan Estados Unidos, Arabia Saudita y Rusia.
En los últimos años ante el aislamiento de los mercados occidentales Venezuela había desviado sus exportaciones hacia Asia con China e India como principales socios comerciales el nuevo escenario planteado por Trump busca revertir esta tendencia devolviendo el protagonismo a las operadoras norteamericanas y transformando la infraestructura obsoleta en un polo productivo eficiente que pueda aprovechar la magnitud de sus reservas subterráneas.